En nuestra experiencia como psicólogos deportivos, una de las preguntas más frecuentes que nos hacen los atletas, entrenadores e incluso padres de jóvenes promesas es: “¿Cómo puedo mantenerme motivado?” La motivación, ese motor interno que nos impulsa a actuar, a entrenar cada día, a levantarnos tras una derrota y a perseguir un objetivo, es uno de los pilares más importantes del rendimiento deportivo.
Tanto si eres un deportista de alto nivel como si estás comenzando a tomarte en serio tu disciplina, la preparación mental puede marcar una gran diferencia. Por eso, queremos ayudarte a entender mejor qué es la motivación en el ámbito deportivo, cómo se construye, cómo identificar los distintos tipos y, sobre todo, cómo cultivarla y sostenerla a lo largo del tiempo.
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¿Qué es la motivación en deportistas?
Podemos definir la motivación como el conjunto de razones o impulsos que nos llevan a actuar de determinada manera para alcanzar un objetivo. En el deporte, esto se traduce en el deseo de mejorar, competir, disfrutar, superarse o lograr una meta concreta. Pero la motivación no es algo que “se tiene o no se tiene”, sino un proceso dinámico que puede crecer, menguar, transformarse o incluso perderse si no se cuida.
Muchos deportistas comienzan con un impulso muy fuerte, pero con el paso del tiempo, las lesiones, los fracasos o la rutina pueden desgastar esa chispa. Por eso es fundamental trabajar la motivación como parte del entrenamiento psicológico, del mismo modo que se entrena la técnica, la fuerza o la resistencia.
Tipos de motivación: intrínseca y extrínseca
Entender los distintos tipos de motivación puede ayudarnos a identificar de dónde proviene nuestro impulso actual y cómo fortalecerlo o redirigirlo cuando sea necesario. Distinguimos principalmente dos grandes categorías:
1. Motivación intrínseca
Se refiere a aquella que nace del interior del propio deportista. Es el deseo de superarse, de disfrutar del proceso, de aprender, de vivir el deporte como una fuente de satisfacción personal. Un atleta con motivación intrínseca se levanta cada día con ganas de entrenar porque le apasiona lo que hace, porque siente que su identidad está conectada con el deporte que practica.
Este tipo de motivación es más estable y duradera. No depende de premios externos, ni de la aprobación de otros. Es la que se mantiene viva incluso cuando las cosas no salen como uno espera, porque el motor está en el interior.
2. Motivación extrínseca
Aquí hablamos de aquella que se orienta hacia recompensas externas: ganar una medalla, firmar un contrato, obtener reconocimiento social, complacer al entrenador o a la familia, evitar el castigo o la crítica. No necesariamente es negativa, de hecho, puede ser muy útil en momentos determinados. Pero si se convierte en el único motor, puede volverse frágil y hacer que el deportista se desmotive cuando esas recompensas no llegan.
En psicología deportiva, lo ideal no es eliminar la motivación extrínseca, sino equilibrarla y fortalecer la intrínseca. Cuando ambas se alinean, se logra un impulso potente y sostenido.
El riesgo de la motivación mal gestionada
A lo largo de los años, hemos visto cómo algunos deportistas, con un talento inmenso, se quedan por el camino por falta de motivación, o por no haber sabido gestionarla adecuadamente. También hemos trabajado con deportistas que estaban tan obsesionados con rendir al máximo que perdieron el disfrute, cayeron en el agotamiento físico y mental, y terminaron abandonando temporal o definitivamente su carrera.
Otros, en cambio, han aprendido a redefinir sus metas, a reconectar con lo que les mueve de verdad y a mantener una actitud constante, resiliente, creativa. Lo importante es recordar que la motivación no es algo mágico ni estático, sino algo que se puede trabajar, fortalecer y recuperar.
Cómo definir objetivos realistas y motivadores
La forma en la que nos marcamos objetivos tiene un impacto directo en nuestra motivación. Si un objetivo es demasiado ambicioso, poco claro o está impuesto por otros, es fácil que genere frustración. En cambio, un objetivo bien definido puede convertirse en una fuente de energía diaria.
Aquí van algunos consejos para definir objetivos deportivos de forma adecuada:
1. Que sean personales y significativos
Pregúntate qué es lo que tú quieres lograr, más allá de lo que otros esperan de ti. Un objetivo tiene que conectarte emocionalmente con lo que haces. Si no hay implicación personal, será difícil mantener la constancia.
2. Divide en metas a corto, medio y largo plazo
Soñar en grande está bien, pero necesitas escalones para llegar allí. Marcarte pequeñas metas alcanzables en el camino (mejorar una marca, mantener una rutina, competir en un torneo intermedio) te dará sensación de avance y te permitirá celebrar logros concretos.
3. Asegúrate de que sean medibles
Un objetivo vago como “quiero ser mejor” no da dirección. En cambio, “quiero mejorar mi tiempo en 10 segundos en los próximos 3 meses” o “quiero aumentar mi nivel técnico en esta habilidad específica” te permite evaluar tu progreso.
4. Flexibilidad ante lo inesperado
A veces una lesión, un cambio de entrenador o un mal resultado nos obliga a reajustar los objetivos. Eso no es rendirse, es adaptarse. La motivación también se nutre de nuestra capacidad para redefinir el camino sin perder el rumbo.
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Cómo mantener la motivación en entrenamientos diarios
La rutina de entrenamiento puede volverse monótona, especialmente cuando no hay una competición cerca o cuando el progreso no se percibe de forma inmediata. Aquí te damos algunas estrategias para mantener alta la motivación:
1. Introduce variedad en la práctica
Cambiar ciertos ejercicios, entrenar en un entorno diferente, introducir elementos lúdicos o nuevos retos puede devolver la frescura al entrenamiento diario.
2. Visualiza tus metas
Dedica unos minutos antes o después del entrenamiento para visualizarte alcanzando tus metas. Esta técnica, utilizada por muchos atletas de élite, ayuda a mantener la conexión emocional con el objetivo.
3. Registra tus avances
Lleva un diario de entrenamiento. Anotar lo que has logrado, cómo te has sentido, qué aspectos has mejorado y qué retos quedan por afrontar te ayudará a mantener una perspectiva realista y motivadora.
4. Premia el esfuerzo, no solo el resultado
Celebra la constancia, la mejora, el compromiso. Reconocer el proceso es tan importante como valorar el resultado final.
5. Rodéate de apoyo
Tener cerca personas que te alienten, comprendan y compartan tu camino puede hacer una gran diferencia. Entrenadores, compañeros de equipo, familiares o psicólogos deportivos pueden ayudarte a sostener el ánimo cuando flaquea.
Motivación en etapas difíciles: cómo no rendirse
Ningún camino deportivo está libre de obstáculos. Las derrotas, las lesiones, los cambios de ciclo o incluso momentos de duda personal forman parte del viaje. Y es en esas etapas donde más se pone a prueba la motivación.
Algunas recomendaciones para esos momentos:
1. Acepta el bajón como parte natural del proceso
Sentirse desmotivado temporalmente no significa que hayas fracasado. A veces, parar, descansar o simplemente reconocer que estás agotado es necesario para poder retomar el impulso con más claridad.
2. Reconecta con tu propósito
Pregúntate: ¿Por qué empecé en este deporte? ¿Qué me hacía disfrutar al principio? ¿Qué quiero que me aporte esta experiencia a nivel personal? Volver a la raíz puede reavivar el fuego interior.
3. Habla con un profesional
Un psicólogo deportivo puede ayudarte a identificar bloqueos, rediseñar estrategias y gestionar emociones que estén interfiriendo con tu motivación. No tienes por qué pasar por esta etapa solo o sola.
4. Replantea los objetivos
A veces el problema no es la falta de motivación, sino la presión autoimpuesta por metas poco realistas. Reajustar el rumbo, cambiar de categoría o explorar nuevas formas de disfrutar del deporte también puede ser una opción válida y enriquecedora.
Consejos para fortalecer la motivación a largo plazo
Más allá de los entrenamientos y competiciones, la motivación es una actitud que se cultiva día a día. Aquí te dejamos algunas claves que trabajamos con los deportistas que acompañamos:
1. Cuida tu mente tanto como tu cuerpo
El entrenamiento mental es tan importante como el físico. Dedicar tiempo a trabajar la atención, la concentración, la gestión emocional y la motivación puede mejorar significativamente tu rendimiento.
2. Desarrolla una identidad deportiva sana
Eres más que tu rendimiento. Tu valor no depende del resultado de una competición. Tener una identidad equilibrada (como persona y como deportista) te permitirá mantener la motivación incluso en épocas bajas.
3. Aprende de cada experiencia
Tanto el éxito como el fracaso son fuentes de aprendizaje. Reflexionar sobre lo vivido, extraer conclusiones y aplicarlas en el futuro es una forma inteligente de mantener el crecimiento constante.
4. Sé paciente con tus procesos
Todo lo que vale la pena requiere tiempo. La constancia es más poderosa que la intensidad esporádica. Confiar en el proceso y en ti mismo o misma te ayudará a mantener la motivación incluso cuando los resultados tarden en llegar.
¿Necesito un psicólogo deportivo para trabajar mi motivación?
Si estás leyendo esto, probablemente ya intuyes la importancia de la preparación mental en tu rendimiento. Contar con un psicólogo deportivo no es solo para quienes tienen “problemas”, sino para aquellos que quieren dar un salto de calidad, conocerse mejor y entrenar la mente como parte fundamental de su disciplina.
En nuestras sesiones de trabajo abordamos temas como:
- Clarificación de objetivos
- Gestión de la presión y el estrés
- Estrategias para sostener la motivación
- Manejo de emociones y frustraciones
- Visualización y concentración
- Desarrollo de rutinas mentales
- Recuperación psicológica tras una lesión o derrota
La motivación no es una chispa mágica que aparece de la nada. Es un músculo que se fortalece con el entrenamiento adecuado, con acompañamiento profesional y con una actitud abierta al aprendizaje.
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La motivación se entrena
Para todos los deportistas, independientemente del nivel o la disciplina, la motivación es una aliada clave. No es algo que podamos dar por sentado ni que dependa solo de ganar. Es un trabajo consciente que implica conocerse, adaptarse, mantener la ilusión y también aprender a atravesar las dificultades con inteligencia emocional.
Si estás en un momento en el que te cuesta mantener el impulso, no estás solo o sola. A todos nos ha pasado en algún momento. Lo importante es que existen herramientas, estrategias y profesionales dispuestos a ayudarte a recuperar tu energía mental y a volver a disfrutar del camino.
En el deporte, como en la vida, lo que marca la diferencia muchas veces no es el talento ni la suerte, sino la capacidad de levantarse una vez más, de conectar con lo que nos mueve y de avanzar paso a paso hacia nuestras metas.
Y si decides dar ese paso, estaremos encantados de acompañarte en tu proceso de crecimiento.
Por UPAD Psicología y Coaching

