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Los engranajes oxidados: el año en que decidí ser la responsable de mi vida

Hace un año, decidí tomar las riendas de mi vida. ¡Menudo año!

Desde hacía mucho tiempo había estado retrasando ese momento con millones de razones, que en mi opinión, eran creencias muy sólidas (excusas absurdas), y ahora sé que simplemente no lo hacía por una razón: porqué DA JODIDAMENTE MIEDO. Da miedo, asusta, preocupa, parece la vía más larga y difícil, y es mucho más fácil esconder el polvo debajo de la alfombra y decirnos que “ya todo se arreglará sólo”, ¿no? 

Pues, no 🙂

Hace un año fui corriendo al hospital pensando que estaba teniendo un infarto. Me dolía el pecho y no podía respirar

Finalmente no era un infarto, sino una inflamación del tejido del corazón casi seguramente causada por ansiedad: era un cúmulo gigante de estrés, miedos, agobios, angustias que habían estado jugando conmigo desde hacía mucho tiempo y que habían tomado el pleno control sobre mi, mentalmente y – ahora – físicamente. 

Recuerdo perfectamente cuando salí del hospital sintiéndome culpable por haber ocupado espacio a quienes sufren infartos de verdad – de algo siempre tenía que sentirme culpable y esa razón me parecía guay. En ese momento decidí que tenía que reaccionar y tomar las riendas de mi vida. Que no iba a vivir esa sensación nunca más. No lo reconocí en ese momento pero fue mi primer acto – extremadamente – valiente. Y yo en ese momento me sentí débil por tener que pedir ayuda. Menuda tontería. 

Los engranajes oxidados: el año en que decidí ser la responsable de mi vida

Mi primera sesión de Psicología de mi vida…

Hace un año: la primera sesión de Psicología (¡de mi vida!). La recuerdo cómo si fuera ayer. Lloré todo el rato (evidentemente, sintiéndome culpable por gastar tantos pañuelos de la consulta). 

Así es como describí mi estado de alma ese día: “es cómo nadar en una piscina llena de mierda, esto huele fatal y no veo ninguna luz”, “es cómo si todos los engranajes de mi vida estuvieran bloqueados y oxidados” (que conste que tenía – y tengo – la maravillosa suerte ya solo de TENER todos los engranajes en mi vida). 

No me falta de nada, y no me faltaba de nada, los engranajes a que me refería son los que mucha gente querría (amigos, una familia con salud, un trabajo estable y bien pagado, un pisazo en el centro de Madrid y muchísimo más). Un momento: faltaba uno, que ni de lejos incluí ese día en el listado: YO. Cómo si a la hora de decidir sobre mi felicidad yo no hiciese parte del juego y solo fuera espectador. MENUDO ERROR.

Durante ese periodo, cualquier ocasión era buena para darme latigazos de una maldad indescriptible, también para las cosas evidentemente ajenas a mí. Hasta pensé que hacerme culpable de todos los males del mundo fuese altruismo, y cómo el altruismo es bueno, tenía que seguir así. Menuda chorrada. 

Mi segunda sesión…

Segunda sesión: tenía que escribir hasta 20 aptitudes o cualidades mías. Puse unas 10, y cuando se las comenté a Fernando, TODAS, TODAS, TODAS, tenían un PERO (me considero una persona honesta, PERO EN REALIDAD, UNA VEZ EN 1998, NO LO FUI ASÍ QUE NO, BORRALO). No me creí nada de lo que escribí, lo hice forzada. Menuda mierda. 

Después de un par de meses quería dejarlo, porque tal y como yo pensaba, los resultados tenían que llegar inmediatamente y 2 meses era mucho. Y yo solo seguía llorando en las sesiones, seguía en la misma piscina de mierda y hasta me sentía peor que al principio. Había levantado la alfombra y había liberado un monstruo de emociones contra mi

Tardé meses (muchos más que 2) solo para empezar a conocerme. A reconocer y aceptar mis emociones, mis fortalezas (sin PERO), mis sueños, mis miedos (sin juzgarme), mis áreas de desarrollo (sin juzgarme). Encantada de conocerte Paola, a los 33 años. Mejor tarde que nunca. Por fin había añadido el “YO” a los engranajes. ¡Yoohoo!

Descubrí que durante muchos años me había hablado de la peor forma posible. Estas son algunas de las creencias que he ido identificando en mi: 

  • No valgo nada
  • No soy valiente
  • Nadie me quiere
  • Voy a estar sola toda la vida
  • Todo el mundo es más feliz que yo

En su día, eran creencias tan arraigadas en mi que ni tenía sentido reconocerlas o trabajarlas, eran ley. Era tan estúpido como pensar que la tierra es plana. No había nada que hacer, era inútil perder el tiempo allí. Menuda gilipollez. 

Recuerdo cuando subí el primer escalón (que – evidentemente – no reconocí, pero lo decía Fernando, así que le hice el favor de decir que si, que bien, olé…). 

Obviamente, mientras él me daba la enhorabuena, yo respondí (cómo en millones de otras ocasiones): “tranquilo que SEGURO voy a hacer un paso atrás. SEGURO”

Y……… 

Hice un paso atrás!! ENORME. GIGANTE. 

Y venga otra vez, peor que el principio, peor que nunca. En serio no tenía las fuerzas para trabajar tan duro para solo ir hacia atrás. 

Una sensación maravillosa…

Pero seguí. No sé de donde encontré las fuerzas. Empecé (en ese momento creía “mágicamente”, o por suerte o alineación de los planetas, o porqué mi jefe estaba relajado) a subir otro escalón, y otro, y otro, y cada escalón era más divertido, y menos duro. Y claro, otras veces caí. Y bajé un escalón, y dos, y tres, y uff. Pero decidí quedarme con la sensación tan maravillosa de las subidas y seguí jugando. Veía que aunque me caía, era capaz de volver “mágicamente” a subir y empezaba a gustarme el jueguecito, quería subir al nivel siguiente como cuando uno no para de morir en un videojuego, pero por mis huevos quería llegar al nivel siguiente. Ya cenaré y me ducharé en otro momento, voy a pasar la noche despierta jugando y bebiendo Red Bull hasta que lo consiga (vaya imagen poco femenina, ¡pero capta la idea!). 

Y luego, tras unos meses de trabajo duro (porque SÍ que es duro, y no hay secretos para conseguirlo rápidamente cómo la dieta de la piña), con tanta valentía, con una resiliencia que no me imaginaba, aprendiendo a salir de mi zona de confort y ver que solo así se aprende, ¡¡empecé a ver la luz!!! ¡¡Menuda sensación!! 

No sé si se nota pero amo las metáforas, y en ese momento dije a Fernando “me siento cómo si hubiese tirado por fin toda la montaña de basura asquerosa que tenía en casa, y ahora tengo que empezar a poner en orden con lo que se queda. Sigue habiendo muchísimo que hacer, pero ahora sí que es divertido!”. Nunca me había sentido tan empoderada sobre mi vida.

Los engranajes oxidados: el año en que decidí ser la responsable de mi vida

Y entonces llegó el cambio…

Para mi, el cambio llegó cuando reconocí mis creencias y empecé a hacer acciones concretas para destruirlas. Fue muy duro reconocerlas, y darme cuenta de que me había hablado tan mal durante tanto tiempo. Eran tan arraigadas que las primeras veces que intenté destruirlas lo pasé fatal. Prácticamente le estaba diciendo a mi cerebro que YO SÍ valía algo, que YO SÍ merecía ser feliz. Mi cerebro, que en ese momento era mi peor enemigo (y no mi jefe o ese compañero de trabajo, como pensaba), cómo respuesta, contestó algo cómo “Ni de coña, Paola. ¿Tú? ¿Feliz? Déjate de tonterías, estas son chorradas, y ahora vuelve a pensar como siempre has pensado: no vales nada. Fin. Déjame en paz”. 

Cuánto lloré. Madre mía cuánto lloré. Fue la conversación más valiente y difícil que tuve nunca (mucho más que las reuniones con mi jefe, ¡de verdad!). Yo, poniéndole cara a mi propio cerebro. Y en principio – evidentemente – forzada. Yo no me lo creía para nada, que sea claro. Pero decidí confiar en Fer. Si me lo hubieran dicho antes hubiera pensado que esto lo hacen los locos, ¿no? ¿Hablar con tu propio cerebro? 

Pues, no es de locos. Simplemente es tan difícil que pocos se atreven a hacerlo. Porqué después de 33 años de monopolio imperturbable del señor cerebro, he llegado YO, a llamar a su puerta y a decirle – de la nada – que muchas de las cosas que me había vendido, eran trampas. Me lo imagino riéndose de mí en ese momento. Qué sensación tan fea. 

Ha sido una lucha muy dura pero ya no agotadora sino retadora, he conseguido romper poco a poco esas convicciones tan negativas para implantar otras positivas. Ha sido difícil el comienzo, pero una vez cogido el truquito, ¡ha sido muy fácil! 

En un videojuego, ese momento sería el enfrentamiento contra el enemigo final, el más grande. Sólo que al pobre cerebro no hay que matarle, sino hacer las paces con él, a pesar de todo no es malo, solo se ha alimentado de lo que YO le había dado de comer durante tantos años. Ahora estamos intentando seguir la misma dieta. Estamos en ello 🙂

Mi gran año…

Ha sido un año increíble, agradezco cada minuto, cada caída, cada llanto, cada miedo (¡porque ellos también sirven!), cada sonrisa, cada gesto para mi, cada momento en que me he vuelto a levantar. Me acuerdo de un día en los primeros tiempos que estaba destrozada y le pedí a Fer llorando si podíamos vernos 2 veces en la misma semana, pues yo sola no podía seguir así. Me dijo que no. Que no tenía que verle a él como mi salvador, que tenía que ser yo la dueña de todo. Le agradezco esto también, y haber estado siempre a mi lado, pero dejando que fuera yo la que dibujara mi camino. Así que sobre todo, me doy un grande aplauso a mí

El camino que tengo por delante ahora es para siempre, no voy a parar nunca porque ya no lo veo cómo una tarea sino cómo un gesto de amor incondicional hacia mi, y me lo merezco todo. A veces sigo cayendo, a veces mucho (¡mucho!), pero en vez de culparme intento aprender y tomar la decisión de cambiar, si hay que hacerlo. Mi amigo cerebro a veces vuelve a hacer el fanfarrón.. Cómo cada convivencia, hay momentos y momentos. ¡Pero esto va cada vez mejor!

He decidido escribir este texto en primer lugar porque espero que pueda ser de apoyo a alguien (esto es altruismo sano, no el hacerse cargo de los males del mundo), luego por qué me sirve a mi cómo reflexión, y finalmente porque me encanta escribir, y últimamente no paro de hacer cosas que me hacen estar bien, ¡fíjate!  

Espero que este testimonio pueda ayudar a quien empiece este valiente camino con todos los – normales – miedos. Es humano tenerlos y no, no eres el único en el mundo de sentirse así 🙂 A mi en su día me ayudó saberlo.

Yo sé perfectamente que cuando nadas en el maldito mar de mierda, aunque llegue alguien que te dice que se puede salir, no te lo crees. Pero yo soy la prueba que sí se puede. He sido muy sincera escribiendo mis emociones y creencias más íntimas para mostrar que aunque se empiece desde un nivel difícil, ¡se puede lograr!

Es un camino largo pero es el mejor viaje que se pueda hacer. 

Y la cosa maravillosa es que, de verdad, depende todo sólo y exclusivamente de TI (el engranaje más importante). 

¡Buen viaje!

Por Paola Lazzaretti

@paolalaz_

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