Entiende la relación entre insomnio y bienestar emocional, y aplica técnicas psicológicas probadas para lograr un sueño reparador y mejorar tu energía diaria
Dormir es una de las funciones biológicas más importantes que tenemos. No se trata solo de “descansar”, sino de permitir que nuestro cuerpo y nuestro cerebro realicen procesos vitales: consolidar la memoria, regular las emociones, fortalecer el sistema inmunitario y equilibrar las hormonas. Cuando el sueño se interrumpe, todo nuestro sistema se ve afectado.
El insomnio es mucho más que no poder dormir. Puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, despertares frecuentes durante la noche o sensación de no haber descansado al despertar. Y cuando se vuelve crónico, impacta en la salud mental, en la motivación y en la calidad de vida.
En nuestra práctica clínica hemos acompañado a muchas personas que sienten que “la noche es su enemigo”, que se acuestan con miedo a no dormir y que se despiertan agotadas, con el ánimo por los suelos. La buena noticia es que el insomnio tiene solución. No es algo que haya que aceptar resignadamente: existen estrategias respaldadas por la ciencia que pueden ayudarte a recuperar el descanso y con ello tu bienestar emocional.
Vamos a explorar la relación entre el insomnio y la salud mental, y te vamos a ofrecer 7 consejos psicológicos que puedes empezar a aplicar desde hoy para dormir mejor.
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La conexión entre insomnio y salud mental
La falta de sueño tiene efectos directos sobre el cerebro. Cuando dormimos menos de lo necesario, se altera la actividad de la amígdala (la región encargada de procesar las emociones) y se reduce la actividad de la corteza prefrontal (responsable de la regulación emocional y la toma de decisiones). Esto explica por qué, tras una mala noche, solemos sentirnos irritables, ansiosos o incluso deprimidos.
Además, el insomnio suele estar asociado con trastornos como la ansiedad, la depresión y el estrés postraumático. De hecho, muchas veces es uno de los primeros síntomas que aparece cuando hay una sobrecarga emocional. Ignorarlo puede llevar a un círculo vicioso en el que la preocupación por no dormir empeora el problema.
Ejemplo clínico:
Imaginemos a Laura, que tras una ruptura sentimental empezó a dormir mal. Al principio pensó que era normal por la tristeza, pero pasaron los meses y seguía acostándose con ansiedad. Al llegar a la cama, empezaba a repasar lo ocurrido, se ponía nerviosa y no conciliaba el sueño hasta la madrugada. Al día siguiente, estaba agotada, tenía menos paciencia en el trabajo y se sentía desmotivada. En terapia, identificamos que lo que mantenía su insomnio no era solo la ruptura, sino los pensamientos anticipatorios (“seguro que esta noche tampoco duermo”, “mañana estaré fatal”) que activaban el estrés. Al trabajar en estos pensamientos y en hábitos de higiene del sueño, Laura recuperó el descanso.
Como vemos, entender la conexión entre mente, emoción y cuerpo es clave. Ahora pasemos a las estrategias.
7 consejos para superar el insomnio y dormir mejor
1. Establecer una rutina de sueño consistente
El cuerpo humano funciona con ritmos biológicos que regulan el sueño y la vigilia. Cuando nos acostamos y levantamos cada día a la misma hora, estamos sincronizando el reloj interno, lo que favorece que el sueño llegue de forma natural.
Ejercicio práctico:
- Elige una hora fija para ir a dormir y otra para levantarte, incluso los fines de semana.
- Durante las dos horas previas a acostarte, evita actividades muy estimulantes (trabajo, noticias, redes sociales) y crea un “ritual de desconexión”: puede ser leer un libro, darte una ducha templada o preparar la ropa del día siguiente.
- Asegúrate de que tu habitación sea un espacio propicio para dormir: oscura, silenciosa y con una temperatura agradable.
Caso real:
Un paciente que atendimos tenía el hábito de trasnochar viendo series diferentes cada noche. Esto desordenaba su ritmo circadiano y hacía que no sintiera sueño hasta la madrugada. Al instaurar una rutina fija y apagar pantallas a la misma hora, en tres semanas su cuerpo empezó a pedir descanso de forma natural.
2. Gestionar las preocupaciones antes de acostarse
Muchas personas con insomnio describen que la noche es el momento en que la mente se llena de pensamientos sobre el pasado o el futuro. Esto activa el sistema de alerta y dificulta la conciliación del sueño.
Técnica recomendada:
- Escribe un “diario de preocupaciones”: Dedica 10-15 minutos en la tarde para anotar todo lo que te preocupa. Luego escribe posibles soluciones o el primer paso que puedes dar al día siguiente.
- Una vez en la cama, si aparecen los mismos pensamientos, recuérdate: “ya he dedicado un tiempo a esto, mañana lo retomaré”.
Desde la psicología cognitiva sabemos que externalizar los pensamientos reduce la rumiación. Al plasmar las ideas en papel, damos a la mente la señal de que ya están atendidas.
3. Practicar técnicas de relajación y mindfulness
El cuerpo necesita un descenso progresivo de la activación para entrar en sueño profundo. Practicar técnicas de relajación ayuda a enviar la señal de que “ya es hora de descansar”.
Ejercicio guiado de respiración diafragmática:
- Siéntate o recuéstate en una posición cómoda.
- Coloca una mano en el abdomen y otra en el pecho.
- Inhala por la nariz contando hasta 4, sintiendo cómo se eleva el abdomen.
- Mantén el aire 2 segundos.
- Exhala por la boca contando hasta 6, vaciando el abdomen.
- Repite de 5 a 10 minutos.
Mindfulness antes de dormir:
En lugar de luchar contra los pensamientos, obsérvalos como si fueran nubes que pasan por el cielo. No intentes controlarlos, simplemente déjalos ir. Esto entrena al cerebro para no engancharse a la preocupación y facilita la calma
4. Limitar el uso de pantallas antes de dormir
La luz azul de los dispositivos electrónicos inhibe la producción de melatonina, retrasando el inicio del sueño.
Recomendaciones:
- Apaga pantallas al menos 60 minutos antes de dormir.
- Si necesitas usarlas, activa el modo nocturno o utiliza gafas con filtro de luz azul.
- Sustituye el tiempo frente a pantallas por actividades relajantes: escucha música suave, haz estiramientos o dedica unos minutos a la lectura de un libro en papel.
En terapia solemos ver mejoras significativas cuando las personas reducen el uso de dispositivos antes de acostarse. Además, disminuye la exposición a noticias o redes sociales que pueden generar ansiedad innecesaria.
5. Asociar la cama únicamente con dormir
La terapia de control de estímulos es una de las intervenciones más efectivas contra el insomnio. La idea es sencilla: el cerebro aprende por asociación. Si usamos la cama para trabajar, ver series o discutir, la mente asocia ese lugar con actividad y alerta.
Reglas básicas:
- Usa la cama solo para dormir o para la intimidad.
- Si pasan 20 minutos y no concilias el sueño, levántate y realiza una actividad tranquila en otro lugar (leer, escuchar música suave). Vuelve a la cama cuando reaparezca la somnolencia.
- Evita pasar largas horas en la cama despierto, ya que esto refuerza la asociación negativa.
En pocas semanas, el cerebro vuelve a relacionar la cama con el descanso, lo que facilita que el sueño llegue de manera natural.
6. Ajustar los hábitos de alimentación y ejercicio
El estilo de vida influye más de lo que pensamos en el sueño.
Consejos prácticos:
- Evita cafeína, té, refrescos o chocolate al menos 6 horas antes de dormir.
- Reduce el consumo de alcohol: aunque puede facilitar el sueño inicial, interfiere en la fase de sueño profundo.
- Cena ligero, al menos 2 horas antes de acostarte.
- Practica ejercicio físico regularmente, preferiblemente por la mañana o la tarde. El ejercicio aumenta la producción de serotonina y regula el ritmo circadiano.
Ejemplo:
Un paciente que atendimos solía tomar café a media tarde y entrenar intensamente a las 21:00 h. Con pequeños cambios en su rutina —sustituyendo el café por infusiones sin teína y adelantando el entrenamiento— notó mejoras significativas en la calidad del sueño en menos de un mes.
7. Buscar apoyo psicológico cuando el insomnio persiste
Cuando el insomnio se mantiene durante semanas y empieza a afectar la salud mental, es momento de buscar ayuda profesional.
La terapia cognitivo-conductual para el insomnio (CBT-I) es uno de los tratamientos más efectivos. Combina técnicas de:
- Reestructuración de pensamientos que generan ansiedad por el sueño.
- Entrenamiento en relajación.
- Higiene del sueño.
- Control de estímulos y restricción del tiempo en la cama.
En muchos casos, trabajar con un psicólogo también ayuda a descubrir si detrás del insomnio hay emociones no expresadas, traumas, estrés laboral o dificultades de pareja que necesitan ser atendidas.
A veces, saber cómo se llama lo que nos pasa es el primer paso para encontrar una solución
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Rompiendo el ciclo del insomnio
Salir del ciclo de insomnio no ocurre de un día para otro, pero cada pequeño paso que damos hacia hábitos más saludables cuenta. Cuando recuperamos el descanso, no solo ganamos energía, sino que mejora nuestro estado de ánimo, nuestra capacidad para concentrarnos y nuestra tolerancia al estrés.
Dormir bien es uno de los pilares del bienestar emocional. Es el momento en que el cerebro se reorganiza, se regulan las emociones y se restaura el equilibrio del organismo.
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Cuidar el sueño es cuidar la salud mental
Si estás leyendo esto y llevas tiempo lidiando con el insomnio, queremos transmitirte un mensaje de esperanza: es posible recuperar el sueño. No estás solo. Con la combinación adecuada de hábitos, técnicas psicológicas y apoyo profesional, puedes volver a disfrutar de noches tranquilas y despertar con energía para vivir el día plenamente.
Recuerda que priorizar el descanso no es un lujo, es una inversión en tu bienestar. Dormir bien es cuidar de ti, de tu mente y de tu vida.
Por UPAD Psicología y Coaching

