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La hipocondria o trastorno de la ansiedad

Dado el momento que estamos viviendo con lo que parece la pandemia del Coronavirus o COVID-19, surge el momento perfecto para hablar de la hipocondría o trastorno de ansiedad por enfermedad (DSM 5). Las alertas han saltado y es normal que la gente sienta miedo de ser contagiada y más de uno y de una están tomando medidas extremas o incluso contraproducentes (por ejemplo, el uso de las mascarillas, que solo está indicada para aquellas personas que ya han sido infectadas o que tienen inmunodeficiencias).

Podemos decir que es la peor época para las personas hipocondríacas. La paranoia está presente y se ha sembrado el pánico, y aunque es cierto que las medidas de higiene propuestas por sanidad son necesarias, no debemos dejar que esto paralice nuestras vidas. El objetivo de estas medidas es contener el número de contagios y evitar más gasto a la sanidad pública.

¿Qué es la hipocondría?

La característica principal de la hipocondría es la preocupación y el miedo constante a padecer una enfermedad grave, e incluso, la convicción de que la enfermedad se está sufriendo. Esta preocupación y esta convicción no son fruto de pruebas científicas y médicas, sino de interpretaciones que la propia persona hace a partir de signos como una tos, un dolor de cabeza o algunas otras señales que aparezcan en el cuerpo. La persona no exagera sus síntomas sino que añade angustia y ansiedad a sus dolencias, cualquiera que sea. Buscan cualquier indicio de dolor o alteración que para otros pasaría inadvertido y esto hace que se disparen todas las alarmas y es ahí cuando aparecen los síntomas de ansiedad. También es importante destacar que no se inventan los síntomas, los tienen, solo que el miedo a la enfermedad hace que somaticen.

¿Qué NO es hipocondría?

Como ya hemos mencionado, el mínimo indicio de molestia genera ansiedad en la persona. Esto puede hacer que muchas veces confundamos el diagnóstico con un trastorno de ansiedad.

Los trastornos de ansiedad no ponen el foco en síntomas físicos sino que se suelen deber más a factores externos (ej.: un espacio cerrado o muy concurrido, una discusión, la anticipación de tener que enfrentarse a una determinada circunstancia, etc) o factores predisponentes como una personalidad de por sí ansiosa. Si este es el caso, la secuencia sería a la inversa: aparecen los síntomas de ansiedad, como taquicardia, sudoración, dificultad al respirar,… y es entonces cuando la persona piensa que puede tener alguna patología cardíaca o pulmonar, entre otras.

Tras haber sufrido un par de ataques de pánico suelen acabar en urgencias pensando que van a morir. Tras descartar todo lo físico se les diagnostica de “ataque de ansiedad” y se les da el alta. Igualmente, acuden a todos los médicos especialistas y descartan que sea una enfermedad física. Después de esto, el trastorno consiste en anticipar la posibilidad de tener otro ataque, pero, al contrario que en la hipocondría, no están pendientes de otros síntomas, sino lo que tienen es miedo de volver a sufrir aquellos típicos de un ataque de pánico ya mencionados.

¿Cómo se desarrolla la hipocondría y qué consecuencias tiene?

Puede suceder que la hipocondría aparezca cuando se ha sufrido la muerte de un ser querido después de que haya padecido alguna enfermedad de larga duración, pero no necesariamente. Otro de los factores de riesgo para la hipocondría es haber crecido en un ambiente familiar en el que es habitual hablar de enfermedades y conductas de salud y que fomentan el estar pendientes de los signos de enfermedad en diversas áreas de la vida.

Lo que suelen hacer los hipocondríacos es acudir al médico o automedicarse. La primera de las alternativas les calma durante un rato pero posteriormente vuelven a preocuparse y a ver síntomas donde no los hay. En cuanto a la segunda, esta es más peligrosa. Si bien acudir al médico solo supone un gasto de tiempo y dinero a la sanidad pública, la automedicación tiene el peligro de no utilizar la medicación adecuada, de abusar de ciertos fármacos, disminuyendo el efecto del mismo o incluso crear una adicción a ese fármaco.

Otra de las consecuencias que tiene este trastorno es que se siente mucha incomprensión por parte de los demás, que dicen que exageran y al final no responden a sus quejas y “les dan de lado”. Mucha gente es propensa también a mirar en internet. Esto tiende a ser un error, ya que da demasiados datos y la sobreinformación puede dar lugar a la paranoia, como está pasando con el tema de coronavirus. Y no solo la sobreinformación, sino también que cada fuente comunica de forma distinta. Por eso es recomendable que, en caso de duda, se acuda a un profesional antes de consultar en la red.

No obstante, la palabra hipocondría se suele emplear de forma coloquial en muchos contextos y a la mínima que alguien muestra alguna conducta típica de este trastorno se le etiqueta de hipocondríaco/a. Sin embargo, es un problema grave para la persona que lo sufre, ya que le quita mucha cantidad de su tiempo en preocupaciones, se siente incomprendida y limita su vida. En estos casos, la mejor opción es pedir ayuda profesional para superarlo.

Por UPAD Psicología y Coaching

@upad_pc

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