Prepararse para unas oposiciones es un viaje exigente, intenso y a menudo solitario. Nos enfrentamos a meses (a veces años) de estudio meticuloso, presión autoimpuesta, sacrificios personales y un futuro lleno de incertidumbre. En este contexto, muchas veces pasamos por alto un pilar fundamental del rendimiento cognitivo: el descanso.
Hablar de descanso no es hablar de debilidad o de falta de disciplina. Es, más bien, comprender que el cuerpo y la mente no son máquinas incansables. Que para rendir al máximo, necesitamos una base sólida, y esa base se construye no solo con técnicas de estudio, temarios subrayados o simulacros semanales, sino también con sueño reparador, pausas programadas y una relación sana con el propio proceso de preparación.
Queremos ayudarte a entender por qué el sueño y el descanso son aliados imprescindibles en el camino hacia tu plaza, y cómo evitar hábitos que pueden sabotear ese necesario equilibrio físico y mental.
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El descanso no es tiempo perdido: es tu ventaja competitiva
Muchos opositores creen, erróneamente, que dormir menos es sinónimo de aprovechar mejor el día. “Si duermo solo cinco horas, tendré tres más para estudiar”, se repiten. Pero, ¿a qué precio?
El sueño no es un lujo ni una concesión: es una necesidad biológica. Durante el descanso nocturno, nuestro cerebro no desconecta del todo; al contrario, realiza funciones esenciales para consolidar lo aprendido, reorganizar la información, reparar tejidos neuronales y resetear nuestras capacidades cognitivas.
Cuando descansamos bien, podemos concentrarnos más, retener mejor la información, resolver problemas con mayor agilidad y mantener la motivación a largo plazo. En cambio, la privación de sueño afecta negativamente a todas estas funciones.
Una sola noche con sueño insuficiente puede reducir drásticamente nuestra capacidad de atención y aumentar la irritabilidad. Ahora imagina eso sostenido durante semanas o meses… El resultado suele ser agotamiento crónico, ansiedad y, en el peor de los casos, abandono de la oposición.
¿Qué ocurre en el cerebro mientras dormimos?
Durante el sueño, especialmente en las fases más profundas y en la fase REM, el cerebro lleva a cabo un trabajo que podríamos llamar “mantenimiento interno”:
- Consolidación de la memoria: Todo lo que estudiamos durante el día pasa de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo gracias al sueño. Es como si el cerebro organizara y archivara la información que consideramos importante.
- Regulación emocional: Dormir bien nos ayuda a gestionar mejor nuestras emociones. Nos volvemos más resilientes, menos reactivos y más capaces de afrontar el estrés.
- Restauración física y mental: El descanso permite que el cuerpo se recupere del esfuerzo físico y que el sistema nervioso regule los niveles de neurotransmisores implicados en la motivación, la atención y la energía.
Así, dormir bien no solo nos ayuda a recordar mejor, sino que también influye en nuestro estado de ánimo y en nuestra relación con el estudio.
¿Cuántas horas de sueño necesitamos durante la oposición?
La recomendación general es dormir entre 7 y 9 horas diarias. Pero no se trata solo de cantidad, sino de calidad. Podemos dormir ocho horas y levantarnos agotados si el sueño ha sido interrumpido o superficial.
Durante una oposición, nuestro cuerpo está sometido a una carga importante de estrés. Por eso, es crucial respetar los ritmos naturales del organismo. Acostarse y levantarse siempre a la misma hora, evitar trasnochar o hacer siestas muy largas son pautas que ayudan a regular el reloj biológico.
Además, hay que tener en cuenta que cada persona es distinta: algunas funcionan mejor con siete horas y media; otras necesitan nueve. La clave está en escuchar al cuerpo y observar cómo nos sentimos al día siguiente.
Los enemigos silenciosos del descanso: tecnología, cafeína y ansiedad
No basta con querer dormir. Muchas veces, sin darnos cuenta, sabotemos nuestro descanso a través de hábitos poco saludables. Aquí repasamos algunos de los más comunes:
1. Uso excesivo de dispositivos electrónicos
Estudiar con el móvil al lado, repasar en la tablet antes de dormir o ver vídeos en la cama puede parecer inofensivo, pero tiene consecuencias importantes.
Las pantallas emiten luz azul, que inhibe la producción de melatonina, la hormona que induce el sueño. Esto altera nuestro ritmo circadiano y retrasa el inicio del sueño.
Consejo: Intenta desconectarte de los dispositivos al menos una hora antes de dormir. Cambia la pantalla por una lectura ligera en papel, meditación guiada o música suave.
2. Consumo de cafeína
El café, los refrescos energéticos y algunos tés contienen cafeína, un estimulante que bloquea los receptores de adenosina, sustancia que nos induce al sueño.
Tomar café por la tarde puede parecer una solución para rendir más, pero puede tener efectos negativos en el descanso nocturno, incluso si no somos conscientes de ello.
Consejo: Limita el consumo de cafeína a las primeras horas del día. A partir del mediodía, opta por infusiones sin teína, agua o bebidas relajantes como la tila o la valeriana.
3. Estrés y rumiación mental
La ansiedad anticipatoria es muy común entre opositores: pensamos en lo que queda por estudiar, en los exámenes, en lo que puede salir mal… Esa rumiación mental dificulta el descanso y perpetúa el insomnio.
Consejo: Introduce técnicas de relajación en tu rutina nocturna: respiración profunda, meditación, escritura de pensamientos o ejercicios de mindfulness. También puede ser útil establecer un “ritual de desconexión” que marque el fin del estudio cada día.
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Higiene del sueño: hábitos saludables para descansar mejor
Mejorar la calidad del descanso no requiere grandes esfuerzos, pero sí constancia. Aquí te proponemos algunas pautas basadas en la higiene del sueño:
- Crea una rutina estable: Acuéstate y levántate siempre a la misma hora, incluso los fines de semana. Esto regula tu reloj interno y favorece un descanso reparador.
- Cuida tu entorno: Asegúrate de que tu habitación esté oscura, fresca, silenciosa y libre de distracciones. Usa el dormitorio solo para dormir, no para estudiar.
- Evita cenas copiosas: Las comidas pesadas antes de dormir dificultan la digestión y alteran el sueño. Cena ligero y al menos dos horas antes de acostarte.
- Haz ejercicio, pero con cabeza: La actividad física favorece el descanso, pero debe hacerse en horarios adecuados. Evita entrenar intensamente por la noche.
- Establece un ritual relajante antes de dormir: Puede ser una ducha caliente, un rato de lectura tranquila o una meditación guiada. El cerebro asocia estos rituales con la llegada del sueño.
- No te obsesiones con dormir: Si no logras conciliar el sueño, no te quedes dando vueltas en la cama. Levántate, haz una actividad relajante y vuelve cuando sientas sueño.
El descanso como herramienta de autocuidado
Más allá del rendimiento académico, dormir bien es una forma de cuidar de ti, de recordarte que tu salud mental y física es prioritaria. Las oposiciones son una etapa, una inversión a largo plazo. Pero no debemos hipotecar nuestro bienestar presente por un resultado futuro.
El descanso es también una forma de respeto hacia uno mismo. Un modo de decir: “me estoy esforzando mucho, y merezco recuperar energía, cuidar mi mente y preparar mi cuerpo para dar lo mejor mañana”.
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¿Y si ya tengo problemas para dormir?
El insomnio ocasional es común, pero si persiste en el tiempo y afecta a tu funcionamiento diario, puede ser necesario buscar ayuda profesional. Como psicólogos, sabemos que muchas dificultades para dormir tienen su origen en la ansiedad, los pensamientos intrusivos o el mal manejo del estrés.
En estos casos, la terapia psicológica puede ayudarte a:
- Identificar pensamientos que te mantienen en alerta durante la noche.
- Desarrollar estrategias para desconectar del estudio y de las preocupaciones.
- Aprender a gestionar el estrés sin que se acumule en la almohada.
- Construir una relación más saludable con el proceso opositor.
Dormir bien no es una utopía, es una habilidad que puede entrenarse, igual que la memoria o la concentración.
El descanso también se entrena
Así como nos entrenamos para aprender un tema complejo o para hacer un test en tiempo récord, también podemos entrenarnos para descansar mejor. Esto implica generar nuevos hábitos, corregir viejas costumbres y tener una actitud más amable con nosotros mismos.
No se trata de hacerlo perfecto, sino de tener presente que cada pequeño gesto cuenta: un horario regular, una noche sin móvil, una infusión relajante, una pausa consciente.
Cuando el descanso es parte activa del plan de estudio, el rendimiento mejora, el ánimo se estabiliza y la motivación se mantiene.
Dormir también te acerca a tu plaza
Preparar una oposición no es una carrera de velocidad, es una maratón. Y en toda maratón, el descanso no es opcional: es lo que permite continuar sin romperse. Es lo que nos permite pensar, aprender, recordar, resolver y seguir adelante.
Si estás en pleno proceso opositor, no subestimes el poder del descanso. Dormir bien no te hace menos productivo, te hace más eficiente. No pierdes tiempo al dormir: lo ganas en claridad, rendimiento y bienestar.
Cuida tu descanso como cuidas tus apuntes. Protégelo como proteges tu motivación. Haz del sueño tu aliado silencioso, y verás cómo tu mente responde con mayor fuerza y claridad cada día.
Porque al final, lo que cuenta no es solo cuánto estudias, sino cómo te cuidas mientras estudias.
Por UPAD Psicología y Coaching

