Prepararse para unas oposiciones es una de las experiencias más exigentes a nivel académico, personal y emocional. Cuando comenzamos a estudiar, solemos estar llenos de ilusión, motivación y energía. Sin embargo, a medida que pasan los meses, es normal sentir altibajos, desánimo o incluso la sensación de estar estancados. Es aquí donde la constancia se convierte en nuestra mejor aliada: más que una emoción pasajera, es un hábito que nos mantiene avanzando incluso cuando la motivación se esfuma.
En este artículo, como psicólogos especialistas en rendimiento académico, queremos compartir contigo estrategias de coaching y herramientas prácticas que te ayudarán a cultivar la constancia, a desarrollar disciplina y a mantenerte en movimiento incluso en los días de baja energía. Nuestro objetivo es que no dependas únicamente de sentirte motivado para estudiar, sino que construyas una base sólida de hábitos que te acerquen, paso a paso, a tu meta.
Te proponemos estrategias de coaching para seguir estudiando incluso en los días de baja energía, desarrollando disciplina y hábitos que te mantengan en movimiento
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Entendiendo la diferencia entre motivación y constancia
Uno de los errores más comunes que observamos en opositores es confiar demasiado en la motivación inicial. La motivación es valiosa, pero es también volátil. Está influida por factores externos (una conversación inspiradora, ver a otros lograr sus metas) y factores internos (estado de ánimo, nivel de energía, calidad del descanso). Cuando la motivación baja, es fácil posponer o abandonar el estudio.
La constancia, en cambio, es el hábito de presentarse cada día, de forma regular, aunque no siempre tengamos ganas. Es una decisión consciente de priorizar nuestro objetivo a largo plazo sobre el impulso momentáneo de descansar o procrastinar. Trabajar la constancia es como entrenar un músculo: cuanto más la practicamos, más fuerte se vuelve.
8 pasos para construir una constancia a largo plazo
1. Conectar con el propósito profundo
Antes de hablar de técnicas, es importante detenernos en la base emocional que sostiene la constancia: el propósito. Cuando tenemos claro por qué hacemos algo, es más fácil mantenernos firmes cuando aparecen los obstáculos.
Te invitamos a reflexionar sobre estas preguntas:
- ¿Por qué has decidido preparar estas oposiciones?
- ¿Qué cambiará en tu vida cuando logres tu objetivo?
- ¿Qué significa para ti, en términos de seguridad, estabilidad, desarrollo personal?
- ¿Qué emociones positivas sentirás el día que consigas tu plaza?
Escribir estas respuestas y tenerlas a la vista en tu espacio de estudio puede recordarte, en los días difíciles, que este esfuerzo tiene sentido. Conectar con el propósito es el primer paso para sostener la constancia.
2. Diseñar un plan realista y flexible
La constancia se fortalece cuando sabemos exactamente qué hacer cada día. Tener un plan de estudio bien estructurado, pero flexible, nos ayuda a evitar el desorden y la improvisación, que son enemigos de la disciplina.
Recomendaciones para crear un plan eficaz:
- Divide el temario en bloques manejables. Esto permite tener metas semanales claras y medibles.
- Establece horarios fijos, pero con margen de adaptación para los imprevistos.
- Alterna materias y tipos de tareas. No es lo mismo memorizar que hacer esquemas o practicar exámenes; variar reduce el aburrimiento y mejora la atención.
- Incluye pausas de descanso. La técnica Pomodoro (25-30 minutos de estudio + 5 minutos de descanso) es muy eficaz para mantener el enfoque.
Un plan flexible significa que si un día no cumples al 100%, no lo ves como un fracaso, sino como una oportunidad para reajustar. La constancia no es perfección: es volver al camino una y otra vez.
3. Crear un entorno que favorezca el hábito
La fuerza de voluntad se desgasta cuando estamos rodeados de distracciones. Por eso, diseñar un entorno que facilite el estudio es una inversión en constancia.
Consejos prácticos:
- Espacio ordenado: un lugar limpio y sin elementos que nos distraigan facilita la concentración.
- Móvil fuera de alcance: si es posible, en otra habitación.
- Material listo: libros, apuntes, bolígrafos… evitar interrupciones buscando cosas.
- Ambiente agradable: buena iluminación, temperatura adecuada y una silla cómoda.
Cuando el entorno está optimizado, estudiar se convierte en la opción más sencilla, lo que reduce la fricción para empezar cada día.
4. Gestionar la energía, no solo el tiempo
No basta con tener horas de estudio planificadas si llegamos a ellas agotados. Para mantener la constancia, debemos cuidar nuestra energía física y mental.
Estrategias para cuidar la energía:
- Dormir lo suficiente: el descanso es fundamental para consolidar la memoria.
- Alimentación equilibrada: evitar picos de azúcar que provoquen bajones de energía.
- Actividad física moderada: caminar, estiramientos o deporte ayudan a oxigenar el cerebro y reducir el estrés.
- Desconexión digital consciente: reservar momentos para descansar de pantallas y evitar sobrecarga de información.
Cuando nos sentimos bien físicamente, es más fácil sostener la disciplina en el tiempo.
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5. Utilizar micro-hábitos para construir constancia
Los hábitos pequeños tienen un gran poder para mantenernos en marcha. A veces creemos que necesitamos grandes dosis de motivación para estudiar, pero basta con crear rituales sencillos que activen el modo «opositor».
Algunos ejemplos de micro-hábitos:
- Preparar la mesa de estudio la noche anterior.
- Comenzar cada sesión con 5 minutos de repaso de lo visto el día anterior.
- Marcar en un calendario los días que has cumplido el plan (efecto cadena).
- Escribir una frase motivadora al inicio de cada jornada.
Estos micro-hábitos, repetidos a diario, generan impulso y facilitan que la constancia se mantenga incluso cuando estamos desganados.
6. Entrenar la mente para tolerar la incomodidad
Estudiar no siempre es agradable, y aceptar esa realidad es clave para la constancia. Cuando aprendemos a convivir con la incomodidad, dejamos de buscar excusas y nos volvemos más resilientes.
Estrategias de coaching para entrenar esta habilidad:
- Mindfulness: practicar atención plena para observar los pensamientos sin juzgarlos.
- Reestructuración cognitiva: transformar el «no puedo más» en «puedo dar un paso más».
- Visualización: imaginar el resultado final para activar la motivación intrínseca.
Desarrollar tolerancia a la incomodidad nos permite avanzar incluso en días de baja energía.
7. Reforzar los logros y celebrar el progreso
La constancia se alimenta de la sensación de avance. Por eso es importante reconocer nuestros logros, por pequeños que parezcan.
Formas de reforzar el progreso:
- Llevar un registro de horas de estudio y tachar objetivos cumplidos.
- Celebrar hitos importantes (por ejemplo, terminar un bloque del temario).
- Compartir avances con alguien de confianza que pueda apoyarnos.
- Darse pequeños premios simbólicos (un café especial, una serie, una salida) tras una semana de estudio consistente.
Cuando celebramos el progreso, enviamos a nuestro cerebro el mensaje de que el esfuerzo vale la pena, lo que refuerza la constancia.
8.Pedir apoyo cuando sea necesario
Mantener la constancia no significa hacerlo todo en soledad. Contar con apoyo psicológico o de coaching puede marcar la diferencia en el proceso de oposiciones.
Trabajar con un profesional permite:
- Identificar bloqueos emocionales que dificultan el estudio.
- Diseñar estrategias personalizadas de planificación.
- Mejorar la gestión de la ansiedad de examen.
- Mantener la motivación y el compromiso a largo plazo.
En nuestro trabajo con opositores, hemos visto cómo un acompañamiento profesional puede transformar la forma de estudiar, convirtiéndola en un proceso más humano, sostenible y eficaz.
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La constancia es el verdadero motor del éxito
Si algo hemos aprendido trabajando con cientos de opositores es que el éxito no depende de estudiar sin parar, sino de estudiar de forma sostenida y saludable en el tiempo. La motivación puede encender la chispa inicial, pero es la constancia la que te llevará a cruzar la meta.
Cada día que eliges sentarte a estudiar, aunque no tengas ganas, estás reforzando tu compromiso contigo mismo. Cada pequeño paso cuenta. Si hoy te sientes desmotivado, recuerda que es normal, que no estás solo y que hay herramientas para volver al camino. Cultivar la constancia es un acto de autocuidado y de respeto por tus metas.
Las oposiciones son un maratón, no un sprint. Construir disciplina, hábitos y estrategias de gestión de energía te permitirá llegar a la meta en las mejores condiciones. Y si en el camino sientes que necesitas apoyo, recuerda que pedir ayuda es una muestra de fortaleza, no de debilidad.
¿Listo para dar el siguiente paso? Empieza hoy, aunque sea con un pequeño gesto. La constancia se construye día a día, y tu futuro yo agradecerá cada hora de estudio que inviertas hoy en acercarte a tu plaza.
Por UPAD Psicología y Coaching

