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The Matrix (película) y el proceso terapéutico

Un componente importante de muchos de los problemas psicológicos que tienen las personas radica en la inconsciencia de dicho problema, ya sea en un sentido neurofisiológico, cognitivo o funcional. Es por esta razón por lo que parte del proceso terapéutico está encaminado a que el individuo tome conciencia de la realidad que vive, de sus déficits y de la repercusión de estos en su vida cotidiana, ya que, solo así, estará en disposición de actuar para solventarlos en la medida de lo posible.

Proceso terapéutico: la necesidad de entender lo inexplicable

Este proceso se ve representado claramente en la película The Matrix, especialmente en la primera entrega de la saga. Al principio, Neo es presentado como un joven insatisfecho con el mundo en el que vive, como si existiese algo que siempre ha intuido y percibido pero que no es capaz de entender ni de ver. Algo, que se encuentra más allá de su consciencia.

Durante una serie de acontecimientos se cruza con varias señales que siente la necesidad de perseguir, con la esperanza de que le acerquen a entender aquello que le atormenta. Este camino le conduce a conocer a Morfeo y, en consecuencia, a tomar una decisión que la película simboliza con la pastilla roja y la pastilla azul. Neo debe elegir entre ellas, del mismo modo que cualquiera de nosotros lo hemos tenido que hacer en algún momento de nuestras vidas: o bien enfrentar el problema que nos hace sufrir en busca de un cambio y pese a todo lo que ello conlleva (tomar conciencia del problema) o, por el contrario, no implicarnos en resolverlo y aceptar convivir con ello.

Ante esta coyuntura, Neo elige la pastilla roja, de modo que renuncia al mundo que había conocido hasta ese momento, el cual entenderíamos como un estado de ignorancia (realidad de un paciente antes de tener en cuenta sus problemas), para conocer la realidad y enfrentarse a ella (tomar conciencia y combatir el problema).

La decisión de tomar consciencia durante el autoconocimiento

La toma de conciencia se ha relacionado a menudo con el autoconocimiento de cada uno. Este debe basarse en la verdad y, por lo tanto, debe considerar todos los factores que afectan a uno mismo sin evitar ninguno de ellos. El conocimiento de la verdad es el que nos permite crear una representación de la realidad lo más fidedigna posible y viceversa: tanto las mentiras como la evitación de ciertas realidades son aspectos fundamentales del engaño y de estados de inconsciencia con respecto a uno mismo. Durante este proceso introspectivo, el terapeuta ejerce una función de guía mediante la cual puede ayudar a encontrar la solución al paciente, pero debe ser este quien la tome y la lleve a cabo. Esto se observa también en la película cuando Morfeo, que es quien realiza esta labor, le dice a Neo: “Yo solo puedo mostrarte la puerta, tú tienes que atravesarla”.

Sin embargo, esta confrontación con la verdad, que suele ir acompañada de una enorme carga emocional negativa, no resulta sencilla de asumir y requiere grandes dosis de resistencia, por lo que esta elección no suele ser la más común. Muchas personas eligen eludir sus problemas y huir de ellos a través de diferentes vías: drogas con las que evadirse de la realidad, acudir a la comida, conductas sexuales con el objetivo de obtener una sensación placentera aunque sea efímera, distracciones que mantengan la atención alejada de los problemas (televisión, móvil, salir de fiesta, etc.),… Dichas conductas, lejos de suponer una ayuda, alejan al individuo del foco de sus problemas y, por lo tanto, de su realidad.

Esta otra visión que contrapone el despertar y la toma de conciencia de Neo, la cual podríamos relacionar con la pastilla azul del inicio, queda encarnada en el personaje de Cypher (Cifra). Él, lejos de querer tomar conciencia de la realidad, elige el camino inverso. Prefiere el autoengaño de vivir en una ensoñación plácida, que sabe que es ficticia, a enfrentarse a la verdad del mundo real que tiene ante sus ojos. Para ello, es capaz de traicionar a sus compañeros y todo su trabajo, ya que no soporta durante más tiempo esa lucha. De este modo, se convierte en el claro ejemplo de la famosa frase: “la ignorancia da la felicidad”.

Por Alejandro Serrano Fernández

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