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Cómo desconectar de verdad durante las vacaciones y mejorar nuestro bienestar emocional

Cómo desconectar de verdad durante las vacaciones y mejorar nuestro bienestar emocional

Cuando llegan las vacaciones, muchas personas experimentamos una mezcla de alivio y ansiedad. Alivio porque por fin tenemos un merecido descanso, y ansiedad porque, paradójicamente, no siempre sabemos cómo usarlo para desconectar de verdad. A veces sentimos que no conseguimos relajarnos del todo, que nos cuesta dejar de pensar en el trabajo o que, aunque estemos físicamente lejos de nuestras responsabilidades, seguimos emocionalmente atados a ellas. Por eso, desde la Psicología queremos ofrecerte una reflexión profunda y práctica sobre cómo lograr una desconexión real durante las vacaciones, cuidando tu desarrollo personal y bienestar emocional.

Vacaciones no es solo sinónimo de descanso físico, sino también de renovación mental, emocional y, en muchos casos, espiritual. No se trata simplemente de dejar de trabajar, sino de reconectar con nosotros mismos, con nuestras necesidades, con nuestro equilibrio interno. Para lograrlo, es esencial aplicar herramientas concretas que nos ayuden a romper con el ritmo frenético del día a día.

Te compartimos 7 claves desde la Psicología para desconectar de verdad en vacaciones, dejando atrás el estrés, las responsabilidades y la sensación constante de tener que ser productivos. Porque descansar también es una forma de cuidarnos. Y cuidarnos, una manera de crecer.

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7 claves desde la Psicología para desconectar de verdad en vacaciones

1. Desactivación cognitiva: aprende a apagar tu mente

Uno de los mayores retos durante las vacaciones es conseguir que nuestra mente también se vaya de vacaciones. Aunque nuestro cuerpo esté en la playa, en la montaña o en casa, seguimos rumiando pensamientos relacionados con el trabajo, las responsabilidades o lo que “tenemos que hacer después”. Este hábito mental nos impide disfrutar del presente.

La desactivación cognitiva consiste en aprender a “apagar” ese piloto automático de pensamiento constante. Una forma práctica de trabajarla es a través de rutinas que marquen la transición entre la vida laboral y el descanso. Por ejemplo:

  • Hacer una lista con los asuntos cerrados antes de salir de vacaciones, para darles un cierre simbólico.
  • Establecer una “ceremonia de desconexión”, como guardar el portátil, borrar recordatorios o escribir una frase que represente el inicio del descanso.
  • Sustituir pensamientos laborales por actividades mentales placenteras: leer una novela, jugar, hacer crucigramas o ver películas.

Nuestro cerebro necesita tiempo para adaptarse a un nuevo ritmo, y si no lo ayudamos, seguirá funcionando en modo alerta. Darle señales claras de que es momento de descansar es un primer paso esencial.

2. Gestiona la culpa por no ser productivo

Vivimos en una cultura que valora la productividad por encima del bienestar. Por eso, cuando nos detenemos, muchas veces aparece la culpa. Nos decimos cosas como: “Podría estar aprovechando para adelantar algo”, “Estoy perdiendo el tiempo”, “No estoy siendo útil”. Esta culpa nos impide disfrutar y desconectar.

Desde la Psicología, sabemos que descansar no es un lujo, es una necesidad. No somos máquinas, y nuestro valor como personas no se reduce a cuánto producimos. Vacaciones también significa permitirnos el derecho a parar, a no hacer nada, a disfrutar sin objetivos.

Un ejercicio que recomendamos es identificar esos pensamientos de culpa y reformularlos. Por ejemplo:

  • En vez de “estoy perdiendo el tiempo”, decir “me estoy regalando tiempo para mí”.
  • En vez de “no estoy siendo útil”, decir “estoy cuidando mi salud emocional”.
  • En vez de “tengo que aprovechar para hacer cosas pendientes”, decir “tengo derecho a desconectar sin justificarlo”.

Recordemos que el descanso también es parte de un rendimiento sano y sostenible. Y que valemos por lo que somos, no solo por lo que hacemos.

3. Practica el mindfulness para anclarte al presente

La práctica del mindfulness (atención plena) es una de las herramientas más efectivas para desconectar del estrés y reconectar con el presente. Consiste en entrenar nuestra mente para estar donde está nuestro cuerpo, observando con amabilidad lo que sentimos, pensamos y vivimos en el momento.

Durante las vacaciones, es una excelente manera de cultivar un estado de relajación consciente. No se trata solo de “no hacer nada”, sino de hacer lo que sea… con atención plena. Puedes practicar mindfulness de forma sencilla con estas propuestas:

  • Caminar descalzo por la arena sintiendo cada paso.
  • Comer con todos los sentidos, saboreando cada bocado sin distracciones.
  • Escuchar música sin hacer nada más, simplemente dejándote llevar.
  • Observar el paisaje sin juzgar ni etiquetar lo que ves.

Dedicar unos minutos al día a la práctica formal (como una breve meditación guiada) también ayuda a calmar el sistema nervioso, reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo. El presente es el único lugar donde realmente podemos descansar.

4. Planifica tu descanso antes de las vacaciones

La desconexión real empieza antes de las vacaciones. Si no hacemos una programación anticipada del descanso, es fácil que lleguemos al primer día libre con una carga de estrés acumulada, asuntos pendientes y sin saber muy bien qué hacer.

Planificar no significa llenar la agenda de actividades, sino tomar decisiones conscientes sobre cómo queremos que sea nuestro descanso. Algunas ideas para lograrlo:

  • Deja resueltos los temas importantes antes de irte. Delegar o dejar notas claras puede darte tranquilidad.
  • Decide qué tipo de vacaciones necesitas: ¿activas o tranquilas?, ¿sociales o solitarias?, ¿con familia o en pareja?
  • Establece límites claros con el trabajo: apaga notificaciones, pon un mensaje de ausencia y no revises el correo si no es estrictamente necesario.

La clave está en que las vacaciones sean un espacio de libertad, no una extensión del caos diario. Cuando programamos nuestro descanso con intención, lo vivimos con más presencia.

5. Desconexión digital: menos pantallas, más vida

El teléfono móvil, el correo electrónico, las redes sociales… son herramientas útiles, pero durante las vacaciones pueden convertirse en una trampa que nos impide desconectar. Estar pendiente del móvil puede hacernos sentir que no estamos nunca del todo presentes en lo que vivimos.

Desde la Psicología recomendamos establecer un uso consciente de la tecnología durante el verano:

  • Fijar momentos concretos del día para revisar mensajes o redes, en vez de hacerlo de forma compulsiva.
  • Quitar notificaciones de trabajo o incluso desinstalar apps laborales temporalmente.
  • Pasar algunas horas (o días) en modo “offline”, dedicados a leer, hablar, pasear o simplemente descansar.
  • Utilizar el móvil como herramienta para crear y no solo para consumir: hacer fotos, escribir un diario de vacaciones, escuchar música relajante…

Recordemos que el descanso emocional también implica descansar de estímulos. La desconexión digital es una puerta hacia la reconexión personal.

6. Recupera tu identidad más allá del rol laboral

Durante el año, muchas veces nos definimos por lo que hacemos: somos médicos, profesores, psicólogos, administrativos, emprendedores… Las vacaciones son una oportunidad para recordar que también somos personas, más allá del trabajo.

Reconectar con lo que nos gusta, con nuestras aficiones, con nuestros seres queridos o con el placer de no tener horarios nos permite recuperar una parte olvidada de nosotros mismos. Algunas preguntas que pueden ayudarte:

  • ¿Qué cosas me hacen feliz que no tienen que ver con el trabajo?
  • ¿Qué hobbies o intereses quiero retomar durante estas vacaciones?
  • ¿Con qué personas me apetece compartir tiempo sin prisa?
  • ¿Qué tipo de descanso emocional necesito: tranquilidad, diversión, conexión, silencio…?

Cuando dejamos de vivir en función de la productividad, podemos redescubrir partes de nuestra identidad que el estrés diario ha tapado. Las vacaciones son una oportunidad para volver a ser, no solo para dejar de hacer.

7. Crea momentos de silencio y soledad

Vivimos en una sociedad ruidosa, en la que estamos constantemente conectados, informados y estimulados. Durante las vacaciones, regalarnos momentos de silencio y soledad puede ser una medicina poderosa para la mente y el alma.

No se trata de alejarnos del mundo por completo, sino de encontrar pequeños espacios donde escuchar nuestra propia voz, sin distracciones. Puedes hacerlo de muchas formas:

  • Levantarte unos minutos antes que los demás para disfrutar del silencio.
  • Pasear sin compañía, solo contigo mismo.
  • Escribir un diario de vacaciones, donde expreses lo que sientes o reflexiones personales.
  • Hacer una pausa consciente antes de cada comida, respirando y agradeciendo el momento.

El silencio es un espacio fértil para el desarrollo personal. Nos permite darnos cuenta de cómo estamos, qué necesitamos, y hacia dónde queremos ir. En vacaciones, no tengas miedo de quedarte a solas contigo. Ahí también hay descanso.

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El descanso como acto de amor propio

Desconectar en vacaciones no es escaparse de la vida, sino acercarse más a ella. Es volver a lo esencial, a lo simple, a lo humano. Es mirarnos con compasión, permitirnos bajar el ritmo y aceptar que también necesitamos parar para seguir creciendo.

En Psicología, sabemos que el desarrollo personal no se limita a los grandes retos, sino que también se encuentra en esos momentos cotidianos en los que decidimos cuidarnos. Y el descanso —bien hecho, bien sentido, bien vivido— es uno de los mayores actos de amor propio que podemos ofrecernos.

Así que si estás en vacaciones o a punto de tomarlas, no te sientas mal por querer desconectar. Más bien, celébralo. Porque al hacerlo, te estás eligiendo. Estás dando un paso más hacia tu bienestar emocional. Estás permitiendo que tu mente, tu cuerpo y tu corazón respiren.

Y al final, de eso se trata el desarrollo personal: de aprender a vivir mejor, con más consciencia, con más calma, con más sentido.

Feliz descanso. Feliz desconexión. Feliz verano.

Por UPAD Psicología y Coaching

@upad_pc