La ansiedad es una de las experiencias emocionales más universales que existen. En algún momento de la vida, todos hemos sentido ese nudo en el estómago, el corazón acelerado o la mente llena de pensamientos que no paran. Y aunque es una emoción natural que cumple una función de supervivencia, cuando se vuelve constante, intensa o nos limita, puede convertirse en un problema que afecta nuestra salud mental y nuestra calidad de vida.
En este artículo, escrito desde nuestra experiencia como psicólogos especializados en bienestar emocional y desarrollo personal, queremos acompañarte a comprender qué es la ansiedad, cuáles son sus causas, cómo identificar sus síntomas y, lo más importante, qué estrategias podemos aplicar para recuperar la calma y volver a sentirnos en equilibrio.
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¿Qué es la ansiedad?
La ansiedad es una reacción de nuestro organismo ante una situación que percibimos como amenazante, desafiante o incierta. Es parte del mecanismo de lucha o huida que nos ha ayudado a sobrevivir durante miles de años. Cuando el cerebro detecta un posible peligro, envía señales al cuerpo para que se prepare: el corazón late más rápido, los músculos se tensan y la respiración se acelera.
En pequeñas dosis, la ansiedad es adaptativa: nos motiva a actuar, a prepararnos para un examen, a reaccionar ante un imprevisto en el trabajo o a escapar de un peligro real. Sin embargo, cuando se activa sin motivo aparente, o cuando la respuesta es desproporcionada a la situación, deja de ser útil y empieza a causar sufrimiento.
Podemos decir que la ansiedad se convierte en un problema cuando interfiere en nuestro día a día, afecta nuestras relaciones, nuestro rendimiento laboral o académico, y limita nuestra capacidad de disfrutar del presente.
Causas de la ansiedad
Entender las causas de la ansiedad es clave para poder gestionarla. No hay una única razón por la que alguien puede desarrollarla, sino que suele ser el resultado de una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Veamos los más frecuentes:
1. Factores biológicos
Nuestro sistema nervioso está programado para detectar amenazas. Algunas personas tienen una mayor sensibilidad en la amígdala cerebral (la región que detecta el peligro), lo que hace que su respuesta de ansiedad se active con más facilidad. Además, desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina o el GABA pueden influir en que experimentemos ansiedad con más intensidad.
2. Genética y predisposición
La investigación muestra que la ansiedad puede tener un componente hereditario. Si en nuestra familia hay antecedentes de trastornos de ansiedad, depresión u otros problemas emocionales, es posible que tengamos una mayor predisposición.
3. Experiencias de vida
Situaciones estresantes o traumáticas en la infancia o en la vida adulta pueden dejar una huella emocional que se manifiesta en forma de ansiedad. Pérdidas, separaciones, mudanzas, cambios drásticos o experiencias de abuso emocional son ejemplos de factores que pueden contribuir a que el sistema de alarma se mantenga activado.
4. Estilo de vida y hábitos
Dormir poco, tener una alimentación desequilibrada, consumir cafeína en exceso, vivir en un entorno muy ruidoso o sobrecargarse de responsabilidades son factores que pueden disparar la ansiedad o mantenerla en el tiempo.
5. Pensamientos y creencias
Nuestro diálogo interno es determinante. Si tenemos pensamientos catastrofistas, autoexigencia extrema o tendencia a preocuparnos por el futuro, es más probable que desarrollemos ansiedad. La mente no distingue entre un peligro real y uno imaginario: si pensamos en lo peor, el cuerpo reacciona como si estuviera ocurriendo.
Síntomas de la ansiedad
Reconocer los síntomas de la ansiedad es el primer paso para poder actuar. Estos síntomas pueden ser físicos, psicológicos y conductuales. Algunas de las señales más comunes son:
Síntomas físicos
- Palpitaciones o taquicardia.
- Respiración rápida o sensación de falta de aire.
- Tensión muscular en cuello, hombros o mandíbula.
- Sudoración, temblores o sensación de frío.
- Problemas digestivos (náuseas, diarrea, molestias abdominales).
- Mareos, hormigueo o sensación de inestabilidad.
Síntomas psicológicos
- Pensamientos acelerados y dificultad para concentrarse.
- Sensación de peligro inminente o de que “algo malo va a pasar”.
- Irritabilidad y cambios de humor repentinos.
- Miedo a perder el control o “volverse loco”.
Síntomas conductuales
- Evitación de lugares o situaciones que generan ansiedad.
- Necesidad constante de control o de confirmar que todo está bien.
- Insomnio o despertares frecuentes durante la noche.
- Hiperalerta: dificultad para relajarse incluso en momentos tranquilos.
Es importante aclarar que no todos los síntomas aparecen en todas las personas. Además, en algunos casos, la ansiedad puede manifestarse como ataques de pánico, que son episodios de miedo intenso que aparecen de forma súbita.
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Consecuencias de no tratar la ansiedad
La ansiedad no atendida puede cronificarse y generar un gran desgaste físico y emocional. A nivel corporal, puede contribuir a problemas de tensión arterial, gastritis, dolores musculares crónicos o fatiga persistente. A nivel psicológico, puede derivar en depresión, aislamiento social o baja autoestima.
Además, la ansiedad suele volverse un círculo vicioso: cuanto más intentamos evitarla, más presente se vuelve. Por eso, abordarla cuanto antes es fundamental para prevenir complicaciones y recuperar nuestra calidad de vida.
Estrategias para manejar la ansiedad y recuperar la calma
La buena noticia es que la ansiedad se puede tratar y gestionar. Existen múltiples estrategias que han demostrado su eficacia para reducir los síntomas y ayudarnos a sentirnos en paz. Aquí te compartimos algunas de las más útiles y respaldadas por la psicología.
1. Practicar la respiración diafragmática
La respiración profunda es una herramienta poderosa para regular el sistema nervioso. Intenta inhalar lentamente por la nariz durante 4 segundos, retener el aire 2 segundos y exhalar por la boca durante 6 segundos. Repite varias veces al día, especialmente en momentos de tensión.
2. Introducir mindfulness en el día a día
El mindfulness nos ayuda a traer la mente al presente y dejar de pelear con los pensamientos intrusivos. Dedica unos minutos diarios a observar tu respiración, tus sensaciones corporales y tus emociones sin juzgarlas. Esto te permitirá tomar distancia de la ansiedad y no identificarte con ella.
3. Ejercicio físico regular
Mover el cuerpo ayuda a liberar tensión acumulada y produce endorfinas, las hormonas del bienestar. Actividades como caminar, correr, nadar, bailar o practicar yoga son excelentes aliadas contra la ansiedad.
4. Mejorar la higiene del sueño
Evita el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, mantén horarios regulares y crea un ambiente oscuro y silencioso. Un descanso de calidad es clave para regular el sistema nervioso.
5. Revisar la alimentación
Reducir el consumo de cafeína, alcohol y azúcar puede ayudar a estabilizar el estado de ánimo. Incorporar alimentos ricos en triptófano (plátano, frutos secos, legumbres) favorece la producción de serotonina, que regula la ansiedad.
6. Cuestionar los pensamientos automáticos
Cuando aparezca un pensamiento catastrófico, pregúntate:
- ¿Qué evidencia tengo de que esto realmente sucederá?
- ¿Estoy sacando conclusiones precipitadas?
- ¿Cómo le hablaría a un amigo que estuviera en mi lugar?
Este tipo de cuestionamiento es una técnica central de la terapia cognitivo-conductual y ayuda a romper el ciclo de la preocupación.
7. Conectar con otros
Hablar de lo que sentimos con personas de confianza o con un profesional reduce el peso emocional. El apoyo social es un factor protector frente a la ansiedad.
8. Psicoterapia individual o grupal
Trabajar con un psicólogo nos permite entender las raíces de nuestra ansiedad y aprender estrategias personalizadas para afrontarla. La terapia puede incluir técnicas como exposición gradual, reestructuración cognitiva, entrenamiento en relajación o EMDR (cuando la ansiedad tiene origen en experiencias traumáticas).
Ejercicios prácticos para calmar la ansiedad en el momento
Además de las estrategias a largo plazo, es útil contar con recursos rápidos para aplicar cuando sentimos que la ansiedad está subiendo. Aquí te compartimos algunos:
- Técnica 5-4-3-2-1: observa 5 cosas que ves, 4 que tocas, 3 que escuchas, 2 que hueles y 1 que saboreas. Esto ancla tu mente al presente.
- Escribir lo que piensas: sacar las preocupaciones de la cabeza y ponerlas en papel reduce la rumiación.
- Relajación muscular progresiva: tensa y relaja diferentes grupos musculares para liberar tensión física.
- Escucha guiada de meditación o sonidos relajantes: música tranquila o sonidos de la naturaleza ayudan a calmar el sistema nervioso.
Rompiendo el estigma: pedir ayuda es valiente
Buscar ayuda profesional no es señal de debilidad, sino de compromiso con nuestro bienestar. La terapia no solo ayuda a reducir los síntomas de ansiedad, sino que nos brinda herramientas para prevenir futuras crisis y vivir de forma más consciente y serena.
Muchas personas que han acudido a terapia nos comparten que desearían haber dado el paso antes. La sensación de alivio al comprender lo que ocurre y aprender a manejarlo es enorme.
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Recuperar la calma es posible
La ansiedad no es un enemigo, sino un mensaje que nuestro cuerpo nos envía para avisarnos de que algo necesita atención. Entender sus causas, identificar sus síntomas y aplicar estrategias de regulación emocional nos permite recuperar el equilibrio. Y cuando la ansiedad nos supera, buscar la ayuda de un psicólogo es una decisión valiente que puede cambiar nuestra vida.
Recuerda: no estás sola o solo en esto. Con el apoyo adecuado y las herramientas correctas, es posible volver a sentir calma, claridad y confianza en el día a día.
Por UPAD Psicología y Coaching

