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El arte del engaño: creencias populares y libros de autoayuda

Existen muchas creencias populares y un sinfín de libros de autoayuda sobre formas con las que podemos detectar cuándo nos cuentan una mentira, pero la realidad es que muchas de estas ideas son incorrectas.

Si bien hay muchos libros de autoayuda escritos por verdaderos profesionales, con formación especializada en ello, existen otros muchos que son escritos por personas que dicen conocer la conducta humana, o que se basan en su propia experiencia a la hora de relatar acciones que nos deben alarmar al conversar con alguien. En la mayoría de estos casos, los escritores se venden como doctores o expertos, cuando en realidad no pertenecen ni han recibido formación desde las disciplinas que tratan estos temas, como son la Psicología y la Comunicación.

¿Qué sabemos de la mentira?

Algunos meta-análisis han abordado este tema, encontrando varios resultados destacables y que pueden hacernos reflexionar. Por un lado, los resultados obtenidos sugieren que la precisión con la que detectamos la mentira se posiciona en un 53,4% de media. Cabe destacar que, por azar, podríamos detectar el 50% de las afirmaciones verdaderas y falsas que se nos propusieran, lo que supondría que, de cada 100 mensajes, 47 de ellos los juzgaríamos erróneamente. Por tanto, se puede concluir que tenemos la misma probabilidad de acertar y de fallar, lo que supone que el dicho “se coge antes a un mentiroso que a un cojo” no es correcto.

¿Cuánto detectamos el engaño?

Por otro lado, podríamos pensar que los profesionales como policías, jueces o psicólogos son mejores detectores de las mentiras al trabajar en ámbitos más familiarizados con estos temas. Por desgracia, los datos de estos meta-análisis también sugieren que los profesionales de estos ámbitos no lo son. Además, variables como la edad, la capacidad cognitiva o el nivel educativo del observador no se relacionan significativamente con la precisión con la que detectamos un engaño. Otro de los hallazgos de estos trabajos es que las personas solemos sobreestimar nuestra capacidad para discriminar verdades y mentiras, lo que supone que no somos conscientes de lo correctos o incorrectos que son nuestros juicios de credibilidad.

También solemos creer que existen gestos inequívocos de que una persona está mintiendo, lo que se apoya en una creencia universal sobre ello. Lo cierto es que gestos como apartar la mirada o mirar hacia la izquierda no tienen ningún apoyo empírico, pero sí parecen ser ciertas las creencias sobre el tono de voz más agudo y las pausas más largas a la hora de mentir. Una de las conductas que muestran relación significativa también es que los mentirosos mueven menos sus extremidades que los veraces. Por tanto, parece que el lenguaje no verbal no es tan efectivo como creemos a la hora de detectar los engaños, a diferencia de lo que dicen estos libros de “autoayuda” o las creencias populares, ya que existen muy pocas diferencias entre la conducta de las personas cuando mienten y cuando dicen la verdad.

¿Se coge antes a un mentiroso que a un cojo?

Algunos de los indicadores que también tienen más apoyo empírico a través del canal verbal son; a) las personas al mentir responden de forma menos directa, relevante y clara que al decir la verdad, y que además lo hacen de forma evasiva e impersonal, b) las mentiras tienen menos detalles, una estructura menos lógica y plausible, y c) el mentiroso dará la impresión de estar más nervioso y tenso. Si bien estos indicadores tienen mayor apoyo, hay variables intervinientes que pueden modificar el significado de estos según las circunstancias, por lo que no son tampoco del todo fiables para detectar a un mentiroso.

En conclusión, debemos tomar conciencia de que la detección de la mentira no es algo tan sencillo como suelen vendernos algunos libros o programas que dicen entrenar a las personas para detectar a los mentirosos, así como ciertas creencias populares que pueden hacernos desconfiar de personas de nuestro entorno cuando no existen motivos para ello. Lo cierto es que todas estas creencias afectan en entornos tan importantes como un juicio, por lo que es necesario que nos informemos adecuadamente y siempre de fuentes fiables.

Por Jorge Saiz

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