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¿En qué consiste la gestión emocional?

¿En qué consiste la gestión emocional?

La gestión emocional se entiende como la capacidad o función psicológica que ayuda al control, concepción y entendimiento de las propias emociones. Sin embargo, la gestión emocional no se queda ahí, puesto que tiene una gran importancia sobre la toma de decisiones y la forma en la que encaramos los problemas diariamente. En este artículo se explicarán los diferentes pasos para gestionar las emociones de una manera más adaptativa. Para ello, se aportan una serie de pautas o acciones a seguir para operativizar esta función.

4 pasos para una gestión emocional adecuada

El primer paso es el autoconocimiento de las propias emociones, es decir, es clave reconocer las emociones que se sienten en cada momento y cómo o de qué manera se expresan; identificándolas y nombrándolas correctamente. Además, es importante observar las consecuencias y desencadenantes que las propias emociones tienen sobre las situaciones que ocurren y cómo su uso ocasiona unas repercusiones, para poder entender correctamente estos sentimientos.

El segundo paso se basa en el aprendizaje y entrenamiento de distintas técnicas de regulación emocional. Estas técnicas ayudan a la relajación y a la concepción de las situaciones desde un punto de vista distinto. Las técnicas de las que se habla son, por ejemplo, entrenamiento en respiración consciente, para momentos en los que las emociones puedan desbordarse, o el mindfulness, la técnica de atención plena, para orientar toda la concentración en el momento de sentir una emoción a entenderla y conceptualizarla.

En relación con el punto anterior, la siguiente premisa se basa en, cuando las emociones se estén desbordando por una situación extremadamente intensa, cambiar el foco, el punto de vista o la forma en la que se está entendiendo la situación. Este manejo de la forma en la que se concibe un contexto puede ayudar a las personas a “jugar” con las emociones y obtener un pilotaje en la forma en la que éstas actúan, para adecuarlas, tras el debido entrenamiento, lo más posible a las situaciones estresantes o situaciones adversas, las cuales tienen una gran dificultad de gestión. 

Por último, la aceptación de las emociones, tanto en la manera en la que actúan sobre cada persona como de la forma en la que se expresan individualmente. Esto es un punto clave en la mejora de la gestión emocional. Las emociones no son ni positivas ni negativas, por ello, es importante aceptar que cada persona siente una u otra en cada situación. Si no se es capaz de aceptar lo que se siente, no se podrá trabajar sobre ello y, por tanto, será imposible mejorar la gestión que se tiene de las emociones.

¿Te atreves a sentir y ser conductor de tus emociones?

Por Daniel Muñoz Martín

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